jueves, 7 de mayo de 2015

Tendencias teatrales desde finales del siglo XIX hasta 1940

1.- INTRODUCCIÓN: Tendencias en el teatro europeo de la época
A comienzos del siglo XX predomina la tendencia teatral realista y naturalista, continuación de la Alta Comedia burguesa triunfadora en la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de la forma más comercial del teatro, cuya intención es reflejar exactamente los ambientes y los caracteres de la realidad. Esta tendencia, cuyo teórico más destacado fue Stanislavski (con sus teorías sobre el teatro sin artificiosidad y el realismo psicológico ), se basa en los siguientes postulados:
Los decorados deben proporcionar al espectador la ilusión de realidad
El actor ha de vivir el personaje como si fuera auténtico, como si fuera la misma persona
Debe conseguirse que el espectador olvide que está en el teatro.
Aunque este tipo de teatro, de éxito asegurado, se sigue representando a lo largo del siglo XX, durante las primeras décadas de este siglo se va a ir produciendo una constante renovación de las tendencias escénicas, debido sobre todo a las siguientes causas:
-Aplicación a los montajes teatrales de diferentes avances técnicos.
- Influencia del cine. En su origen, el cine se ve muy influido por el teatro, hasta el punto de que en muchos casos las películas se redujeron a la filmación de obras de teatro (es lo que en Francia se llamó “Cinema Qualité”), pero muy pronto el proceso se invertirá, de manera que comenzarán a emplearse en los montajes teatrales técnicas provenientes del cine (juegos de luces, sonidos, etc.). Además, el cine -que irá progresivamente robándole terreno al teatro hasta hacerle entrar en una auténtica crisis de espectadores- se va a reservar el punto de vista más “realista y naturalista”, de forma que el teatro intentará buscar otros contenidos y formas de expresión.
- Importancia que va a adquirir en el teatro contemporáneo el director de escena que, en muchos casos, acabará imponiendo sus ideas a actores y autores.
En este contexto aparecerán, pues, diferentes tendencias teatrales renovadoras en el primer tercio del siglo XX, entre las que destacan el teatro simbolista, el teatro expresionista, el “teatro épico” de Brecht, el “teatro de la crueldad” de Artaud y la impronta de otras grandes figuras del teatro europeo como Pirandello y Bernard Shaw.
1.1.- Teatro simbolista
Pretende crear atmósferas poéticas, sugerir misterios, expresar lo que la realidad esconde tras su apariencia. Destacados representantes de esta tendencia en Europa son el belga Maeterlink (con obras como Mona Vanna El pájaro azul ) y el ruso Meyerhold, para quien las zonas oscuras son la oportunidad para que el espectador se transforme en creador, con su imaginación, al completar el sentido que el actor no debe terminar de cerrar ; surge así la idea de la Convención Consciente, como posibilidad de una dramaturgia antinaturalista y de tendencia simbolista.
En España se aprecia esta corriente en el teatro de los autores del 98 (Unamuno y Jacinto Grau fundamentalmente) y también en algunas obras de autores del 27, como Alberti y García Lorca.
1.2.- Teatro expresionista
Explora los aspectos más violentos y grotescos de la mente humana, creando un mundo de pesadilla sobre el escenario. Desde un punto de vista escénico, el expresionismo se caracteriza por la distorsión, la exageración y por un uso sugerente de la luz y la sombra. El movimiento expresionista tuvo su apogeo en las dos primeras décadas del siglo XX, principalmente en Alemania, con autores como Georg Kaiser, Ernst Toller y Max Reinhardt. En España Valle-Inclán se acercó a esta corriente, sobre todo a través de sus esperpentos .
1.3.- Brecht y el Teatro épico
Muchos autores de este siglo XX se plantearán el empleo del teatro como un medio para transformar la sociedad, para expresar una concepción dialéctica de la vida y el mundo. Esta forma de entender el teatro también va a suponer una ruptura con el teatro naturalista que, ideológicamente, tiende a ser conservador. Autores como el alemán E. Piscator desarrollan esta tendencia de teatro político, cuyo objetivo principal, más que la calidad artística del espectáculo, es denunciar las situaciones de miseria o injusticia.
En esta misma línea, adquiere una especial importancia la obra de Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898 – Berlín, 1956), cuyo tratamiento original y distanciado de los temas sociales y de los experimentos revolucionarios ha influido enormemente en la creación y en la producción teatrales modernas. Durante el periodo inicial de su carrera, Brecht desarrolló una técnica dramática conocida comoteatro épico. Rechazando los métodos del teatro realista tradicional, prefería una forma narrativa más libre que redujera la respuesta emocional del público y le obligara a la reflexión y el distanciamiento.
Para conseguir ese distanciamiento entre el público y la obra representada, Brecht se valdrá de algunos recursos escénicos, como contar de antemano lo que va a suceder, para que el espectador no se deje llevar por la intriga del argumento; romper la acción mediante canciones, en cuyas letras se invita al público a reflexionar sobre algunos de los aspectos tratados en la obra; hacer aparecer en escena carteles que inviten a la reflexión o que sirvan para subrayar algunas de las ideas vertidas por boca de los actores; el empleo de máscaras, con las que se trata de dificultar la identificación de espectador y personaje; etc. Con ello se introducen en la escena diferentes formas de interrupción de la continuidad del argumento -la narración deja de ser lineal, al estilo de los montajes cinematográficos- que provocan la sorpresa y la conmoción del espectador, llamando su atención constantemente sobre las posibilidades reales y concretas de transformación de la vida tal y como le es impuesta (ver RECUADRO).
En el contenido de las obras de Bertold Brecht destacarán una serie de elementos temáticos, como son:
- Reflejo de la condición del ser humano en medio de las contradicciones sociales
- La sociedad y la vida se van a definir por una lucha constante, lucha que, en última instancia, se producirá entre el bien y el mal
- El mundo siempre aparecerá dominado por el dinero y por la explotación de los más débiles.
- Los protagonistas de sus obras no van a ser héroes perfectos sino seres contradictorios o incluso negativos
- Sus obras van a adoptar forma de parábolas que encierran un sentido crítico. La “moraleja” nunca va a ser evidente ni directa sino que debe ser extraída por el espectador, deduciéndola de la actuación de los personajes.

En España fue escasa la consolidación de una burguesía realmente influyente, debido al enfrentamiento entre sectores conservadores y progresistas que marcó el devenir político del país durante el último cuarto del siglo XIX: tras la Revolución de 1868, Isabel II fue expulsada de España y, tras el reinado de Amadeo de Saboya, se terminó proclamando la I República en 1873, sólo para ver cómo se restauraba la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII en 1875, amparado por un parlamento bipartidista en el que los partidos conservador y liberal simplemente se turnaban, repartiéndose las legislaturas. Este sistema tan sólo acentuó los conflictos internos e impidió avances consistentes, dando lugar a la insatisfacción de una pequeña burguesía que, hacia final de siglo, demandará nuevas soluciones para el estado del país. Con estos mimbres, no es extraño que el progreso industrializador fuera más lento que en otros países. 

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